El navegante estuvo mucho tiempo en altamar intentando alcanzar la nave, pero la corriente lo fue llevando de a poco a la orilla. Si bien ahora está a salvo, no piensa en otra cosa más que en dar vuelta el océano con tal de recuperar a la nave. Duda si tendría sentido, sabe que es un acto desmedido, pero que no deja de concordar con sus sentimientos desmedidos. Sin embargo lo que le da temor no es morir en la aventura, sino fracasar en su intento: que la nave estuviera hundida, irreparable o por algún motivo no pueda reafirmar la relación que los unía. Sabía también que eso era su propia responsabilidad, por algún error en su construcción... por no haber entendido bien lo que era necesario para ese viaje.
Con todas estas inseguridades a cuestas, el navegante partirá nuevamente a buscarla convencido en que sería feo fracasar, pero aún más feo claudicar teniendo la fuerza y las herramientas.
19 noviembre 2011
Con todas estas inseguridades a cuestas, el navegante partirá nuevamente a buscarla convencido en que sería feo fracasar, pero aún más feo claudicar teniendo la fuerza y las herramientas.
19 noviembre 2011








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