Imagen de cabecera: GT22 9085

Si condujo el pinamarense el 20 de setiembre del 2009, condujo el servicio nocturno de y a mardel tantas veces conmigo arriba, y para rematar, nos vino a buscar desde Sierra a Bahía aquel 4 de marzo del 2011... ¿está mal que la considere una compañera de viaje?


Nicanor el navegante.


Tras meses instruyéndose, averiguando y preparándose para construir el barco, recién pudo comenzar los primeros pasos materiales en marzo. Bosquejos, consejos, visitas a los astilleros, correcciones.. buscando la mejor forma. Su dedicación y esmero eran crecientes con el tiempo; su pasión e ilusión por salir a navegar le hacían de combustible.

 En julio del siguiente año tuvo la nave terminada. No cabe en la imaginación de un cualquiera el cariño y la querencia de Nicanor hacia este artefacto. Una vez terminado, practicó para aprender a tratarlo, para por fín un día salir al mar. Animarse a ir lejos, navegar, atravesar olas, tormentas, vientos horribles. Con el gusto y la satisfacción de navegar, no le importó que sea el julio invernal; la pasión lo manejaba.

 Un tiempo alejándose del continente... felíz aventura. Las olas transcurrían, su nave balanceaba pero nunca cedía. Tormenta, o una mala maniobra. Nicanor volvió en si y estaba mojado, flotando. Desesperado, vio al barco diminuto en el horizonte, huyendo junto a la corriente.El navegante se encontró de un momento al otro flotando en altamar. En esa situación, su esfuerzo previo no significaba nada, ahora estaba en juego la forma de sobrevivir.
 ¿Alcanzar al barco o a la orilla? La fuerza del naufragio es mínima, cada fuerza invertida es crucial. ¿Hacer el esfuerzo por llegar a la orilla, olvidándo aquella nave y asegurando su vida; o aplicar la misma fuerza por alcanzarla de nuevo, reparar las averías y seguir el viaje soñado, a riesgo de morir en el intento? Disyuntivas del navegante abandonado.

/ 17 de agosto 2011 por trenazul
fotografía tomada desde Paseo Dávila. Mar del Plata, octubre 2009

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