Imagen de cabecera: GT22 9085

Si condujo el pinamarense el 20 de setiembre del 2009, condujo el servicio nocturno de y a mardel tantas veces conmigo arriba -incluyendo un rescate de 'el plateado'-, y para rematar, nos vino a buscar desde Sierra a Bahía aquel 4 de marzo del 2011... ¿está mal que la considere una compañera de viaje?


Madrugada.

28/7/2011 3.30am

Bajé de una unidad El Pulqui. Tomé un taxi hasta la avenida, pagué y caminé la cuadra hasta abrir y entrar a casa. Desocupé mis bolsillos y la mochila.
Cualquiera podría decir que es una vez más que se suma a todas las que volví de Buenos Aires, pero no es así: abriendo la puerta encontré silencio y quietud: el ambiente común en una casa de familia a las 2.45hrs. Sin embargo ese ambiente calmo preparó en mí el peor tormento en mi vuelta a la ciudad. Este ambiente me invitaba-- me obligaba a pensar.
Yo entrado a mi casa con todo el cuerpo pero sin una parte hermosa, fundamental, que durante los dos últimos años tuve crecientemente tan cerca, aquella parte que ahora está lejos y va a estarlo por tanto tiempo. Yo con ese agujero en el pecho y la casa fomentándolo muda, petrificada, apuntándome con cada una de sus quietudes para verme a mí, lo único animado, yendo de un lado para el otro en mi repentina, planificada y ahora molesta soledad.
Hubiera sido bueno que eso fuera todo. Aquellas idas y vueltas no eran sino para prepararme a dormir. Acostarme, apagar la luz y sentir la falta, la unidad horrible de mi solo cuerpo, mis brazos inútiles sin el abrazo y la luz de mis ojos allá, dormida en una pieza de la Capital Federal.
No hace falta decirlo, pero subrayé mi angustia hasta un llanto de niño. Tal vez seguí pensando, y tal vez lo sigo haciendo.
Es increíble entonces pensar que aquellos abrazos y mimos de tono cotidiano para nosotros -porque nunca hemos escatimado escrúpulos o esfuerzos en abrazarnos fuerte por estar en público- hayan marcado el fín de una etapa. Le dije en su momento que despedirnos en la estación Retiro del subte C es mucho más lindo que en la de micros, y sigo pensándolo. De esa forma pudimos suponer que la separación constaba en que ella se iría apenas unos barrios al norte, o por lo menos hicimos menos evidente el hecho de que minutos más tarde ya estaríamos cientos de kilómetros distanciados.
Al momento de escribir este manuscrito, estoy sentado en la cama, y el texto funciona como descargo. Con sueño, pero sabiendo que sino escribo lo suficiente voy a seguir sollozando de a ratos mi amor por ella. Estoy, de alguna forma, mutilado esta madrugada.

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transcripción, escrito el 28/7/2011 3.30am.

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