[jueves 28 / domingo 31 de agosto del 2008]
Parte 1: Llegando en un Rayo de Sol.
Si bien podía directamente tomar un ómnibus, preferí llegar hasta Rosario en bondi y ahí, a la madrugada, combinar con el tren Rayo de Sol, el FerroCentral que venía de Córdoba hacia Retiro. Entonces a las 4:30am subí a la formación verde, a un coche primera clase, con asiento (también verde) del lado del pasillo. Seguimos zurcando el sur santafesino, el norte bonaerense hasta la estación mayor del Retiro.
Llegué al mediodía. Con un subte a Constitución me hice en el hostel, dejé el equipaje y después de comer en 'El candil', fui al encuentro con mi amiga personal Jime, con quien paseamos caminando por San Telmo, hacia Puerto Madero y con rumbo a Costanera Sur. Allá
atravesábamos la larga vereda de Avenida Achaval Rodríguez mirando hacia nuestro lado izquierdo el estanque seco, donde un monumento alza la figura de un inútil guardavidas, con un absurdo salvavidas de cemento en el brazo derecho, pareciendo correr heróica y un poco ridículamente hacia aquel terreno desierto, poblado con apenas algunas malezas, secas. Más tarde escaparíamos hacia Avellaneda hasta caída la noche, cuando a bordo de un colectivo línea 100 bajaría frente a Plaza Constitución para darme descanso en la hostería
Al otro día, salí del hostel santelmino con un gesto tradicional o nostálgico, hacia parque Lezama. La niebla de la mañana se había ido, y yo solamente daba vueltas buscando una nada apoyada en ningún lugar, o una esperanza, quizás debajo de los adoquines. Adoquines que hacían al empedrado y que se acomodaban fielmente al costado de los rieles acanalados, que marcan casi el centro de la calle Defensa. Rieles que emparejados, hacían una vía que iba a anudarse con todas las otras en la esquina de calle Brasil, frente a las máscaras y los diarios matutinos que miran desde las ventanas del Bar Británico. Mientras tanto algunas señoras rumbo al almacen, o puesteros del parque empezaban a mirarme con cara rara, justo cuando ya apuntaba mis pasos a Constitución, no sin antes confundirme en las chicanas y diagonales que las calles entreveran en esa parte del barrio.

Izquierda: inicio del paseo comercial a cielo abierto de la Avenida Galicia, en la esquina de calles Galicia y Rivadavia, partido de Avellaneda. Derecha: La GT22 9039 de NCA liderando 'el bobinero', mientras pasaba por el costado del Tranvía del Este.
Seguir a la Parte 2: El tren a Lobos.
Saltearse a la Parte 3: Estación Avellaneda del Provincial.
Carátula de Crónicas Viajeras.
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Basado en experiencias propias.
Fotos y texto por trenazul, agosto-setiembre del 2008.
Parte 1: Llegando en un Rayo de Sol.
Si bien podía directamente tomar un ómnibus, preferí llegar hasta Rosario en bondi y ahí, a la madrugada, combinar con el tren Rayo de Sol, el FerroCentral que venía de Córdoba hacia Retiro. Entonces a las 4:30am subí a la formación verde, a un coche primera clase, con asiento (también verde) del lado del pasillo. Seguimos zurcando el sur santafesino, el norte bonaerense hasta la estación mayor del Retiro.Llegué al mediodía. Con un subte a Constitución me hice en el hostel, dejé el equipaje y después de comer en 'El candil', fui al encuentro con mi amiga personal Jime, con quien paseamos caminando por San Telmo, hacia Puerto Madero y con rumbo a Costanera Sur. Allá
atravesábamos la larga vereda de Avenida Achaval Rodríguez mirando hacia nuestro lado izquierdo el estanque seco, donde un monumento alza la figura de un inútil guardavidas, con un absurdo salvavidas de cemento en el brazo derecho, pareciendo correr heróica y un poco ridículamente hacia aquel terreno desierto, poblado con apenas algunas malezas, secas. Más tarde escaparíamos hacia Avellaneda hasta caída la noche, cuando a bordo de un colectivo línea 100 bajaría frente a Plaza Constitución para darme descanso en la hostería
Al otro día, salí del hostel santelmino con un gesto tradicional o nostálgico, hacia parque Lezama. La niebla de la mañana se había ido, y yo solamente daba vueltas buscando una nada apoyada en ningún lugar, o una esperanza, quizás debajo de los adoquines. Adoquines que hacían al empedrado y que se acomodaban fielmente al costado de los rieles acanalados, que marcan casi el centro de la calle Defensa. Rieles que emparejados, hacían una vía que iba a anudarse con todas las otras en la esquina de calle Brasil, frente a las máscaras y los diarios matutinos que miran desde las ventanas del Bar Británico. Mientras tanto algunas señoras rumbo al almacen, o puesteros del parque empezaban a mirarme con cara rara, justo cuando ya apuntaba mis pasos a Constitución, no sin antes confundirme en las chicanas y diagonales que las calles entreveran en esa parte del barrio.
Tomé el tren hasta Gerli, y esa misma tarde de viernes me junté con Matías, Estefanía y Hernán. Fuimos a Retiro, pasando inevitablemente por Puerto Madero. Ahí fue cuando ví de nuevo al Tranvía del Este estacionado; pero esta vez un carguero de NCA lo pasaba por el costado. Después fuimos a la costa del Dique 1, nos pusimos a turistear... y ahí es donde descifré las sospechas de Puerco Malevo.

Izquierda: inicio del paseo comercial a cielo abierto de la Avenida Galicia, en la esquina de calles Galicia y Rivadavia, partido de Avellaneda. Derecha: La GT22 9039 de NCA liderando 'el bobinero', mientras pasaba por el costado del Tranvía del Este.
Seguir a la Parte 2: El tren a Lobos.
Saltearse a la Parte 3: Estación Avellaneda del Provincial.
Carátula de Crónicas Viajeras.
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Basado en experiencias propias.
Fotos y texto por trenazul, agosto-setiembre del 2008.








Y en el Bar Británico, don Ernesto Sábato se sentaba a escribir "Sobre Héroes y Tumbas",hace,digamos,unos cuarenta años atrás.Y, algunos años más adelante, una adolescente medio loca se sentaría en el mismo bar, mirando por la ventana que da sobre Defensa hacia el parque, esperando ver llegar a Martín, o a Alejandra,salidos del libro y hechos realidad...
ResponderEliminarY sigo viaje...
excelente este texto... muy bueno como lo cpontas
ResponderEliminarJaja, y mas o menos por esa misma segunda época un barbudo artesano de Lezama tambien se sentaba en el bitánico, despues de cerrar el puesto en el que no vendía nada, pero continuaba yendo todos los fines de semana.
ResponderEliminarUn abrazo