Imagen de cabecera: GT22 9085

Si condujo el pinamarense el 20 de setiembre del 2009, condujo el servicio nocturno de y a mardel tantas veces conmigo arriba -incluyendo un rescate de 'el plateado'-, y para rematar, nos vino a buscar desde Sierra a Bahía aquel 4 de marzo del 2011... ¿está mal que la considere una compañera de viaje?


Ella en el andén.

Llegó a la estación, buscando un destino. Caminó hasta la boletería y gratuitamente se llevó un papel que prometía llevarla a ningún lado.

Se paró a esperar al principio del andén. Escuchaba a lo lejos una música viniendo desde donde las vías, y rodeada de tanta quietud empezó a un lento caminar por esa larga pasarela de cemento, buscando evadir el hastío de la espera, o tal vez la raíz de esos sonidos.
Sus pasos, al borde de una invisible línea amarilla, hacían evidente el peligro de incursionar: después de algunos metros, solamente vio los trenes dibujados con crayones, óleos y témperas, colgados en las paredes. Estupendas obras de arte, como también las esculturas de fierros retorcidos; algunos naturalmente, y otros provocados. Siguió caminando ya inmersa, atrapada en un ambiente que no terminaba de entender.
Algunos metros adelante descubrió poemas escritos y recitados en voz baja, de hermosas palabras, de admirable prosa. Poco después descubrió que los rieles desde el andén iban en realidad a caminos de juguete, para que los niños se diviertan tal vez aprendiendo. Para que sepan de lo que se llevaron, Para que recuerden lo que nunca alcanzaron a vivir. Ella se iba acercando a la música, y ya podía distinguir una banda ejecutando sonidos festivos. Todavia caminaba entre algunas poesías: reseñas industriales entre las hojas, de lo que no quedó nada. Reseña cultural de una cultura extinta a la fuerza; trabajos que ya no existen, con música alegre que pensando, se torna en la más profunda tristeza. En mitad del enorme y degenerado andén, hermosos poemas que despiden y recuerdan al héroe, a ese luchador de hierro que les dio el sustento primero, y que echaron prepotentes para permitirse así el recuerdo y nostalgia de haberlo tenido.

Apretó el papel recibido en la boletería, y con gusto a impotencia dejó el bollito en un cesto amarillo. Se aquietó dos segundos más, como ordenando los pensamientos, dió media vuelta y volvió con paso apurado hacia la puerta de salida.

"Qué viaje devastador", se fue protestando. Y ni siquiera lo dejó asentado en el intangible libro de quejas del inexistente encargado de la terriblemente llamada ex-estación.

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Por trenazul.
Ideado, redactado y publicado el 26 de junio del 2009.
Santa Fe, Argentina.

3 Comentarios:

  1. hola tipo!

    me encantó, justamente esto estabamos viendo hoy en psicología jajaja no mentira.

    pero la verdad que me parecio un relato genial

    saludos

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  2. Qué viaje tan triste el de Ella, pero que revelador, que certero,cuan cierto!

    Conmovedor relato,Isma, como texto es impecable:primero, parece que nos llevará a un viaje interno, y, finalmente, el viaje es hacia algo que debería ser una impronta en la memoria de los pueblos:La desaparición del tren.
    Mil besos, Ismazul!


    (y no sé qué pasa con tu plantilla o la mía,no aparecen tus actualizaciones;es por éso que llegué tan tarde!)

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