| Capítulo 1: Caminata por Retiro - Plaza de Mayo - Plaza Congreso - Plaza Once.

6 de enero del 2008, 7:15hrs.
Había bajado del ómnibus en la estación de Retiro, sin otro alma al lado con mi mismo destino, aunque a decir verdad, éste no era nada concreto. Era la primera vez que viajaba solo, era la primera vez que estaba solo en Capital. Tenía el ansia de Pedro de Mendoza en 1530, rebosante de ganas de conocer lugares.
Salí de la estación sin rumbo fijo para el lado de la plaza inglesa. Desayuné en el café de avenida Córdoba y San Martín, mientras miraba en mi Guía T buscando posibles atracciones. Después anduve por calle Florida, y mientras me llevaba la mirada encantada entre tantos edificios antigüos, enormes y de altísimo valor histórico y arquitectónico, de alguna forma llegué a Plaza de Mayo.

Encontré a Plaza de Mayo poblada en una insólita superposición de grupos de turistas y de manifestantes despedidos del casino flotante de Puerto Madero. Los últimos instalados frente a Casa Rosada, con sus pancartas y sus mensajes; los turistas parecían no verlos, sacaban fotos y hablaban cosas que yo no entendía. Iban como patitos tras la madre pata, siguendo a la guía turística que levantaba incansablemente un cartel con un número cinco. Entre tanto una señora me saludó, me ofreció una tarjeta y una escarapela, me preguntó de que país era y me pidió que colabore en una campaña contra el mal de chagas. Hecho eso, y despues de haber vuelto a ver con ternur a el hombre de lente oscuros que alimentaba a las palomas, crucé la plaza hasta Avenida de Mayo, todavía con destino incierto.

Seguían rodeándome los edifcios elaborados y gigantes. Las molduras en las paredes, las marquesinas... Las figuras desde los techos parecían estar cuidando la ciudad. Levanté la vista y allá a lo lejos, un par de soldados de piedra posaban sobre el techo de un edificio frente a Plaza Congreso, custodiando la campana y el reloj entre ellos.
Y sí, ya había llegado a Plaza Congreso.

Frente a el edificio de Congreso de la Nación me desconcerté un poco; no sabía cuánto tiempo quedarme admirándolo, ni para dónde seguir caminando desde de haberlo visto. Traspié mediante, seguí por Avenida Rivadavia, cantando seguramente el correspondiente tema de Manal. Caminé incansable por la vereda sur, sin tener idea de lo largo de esta calle. Justo cuando empezaba a desconfiar de la existencia de un final para esta avenida, había llegado a Plaza Once. Ahí reordené mi rumbo y me hice camino al norte, pasando por Estación Once. Tomé el 146 hasta 3 de febrero, y fui a casa de mi primo.
| Capítulo 2: Conociendo Puerto Madero, volviendo en subte.
Esa soleadísima y calurosisíma tarde sorprendió (o no tanto) a Buenos Aires aquel domingo de Reyes Magos. Eran las 15hs y nosotros tres nos reunimos frente a Facultad de Agronomía, viajamos en colectivo hasta el Correo Central. Irrumpimos en el 101º barrio porteño más o menos a la altura del dique 3. El (no tan) reciente cambio del huso horario sólo intensificó las horas de sol en las que decidimos salir a caminar. Cuando llegamos ahí, frente al puente de la mujer, sentía que había vivido un poco más. Despues anduvimos por Puerto Madero Este, donde todo lleva nombre de mujer y polleras de colores. Eso me llamó la atención.Asíque ahí andábamos, pisando un asfalto que se derretía de caliente, Zéinab, Mahsen y yo, pareciendo adictos al agua.

Fue cerca de las 7.30pm fue cuando decidimos volver, y yo pedí que fuera en subte. Zéniab no quería que saque fotos ni que sonría mucho porque decía que se notaba mucho que era un campesino.

A la vuelta insistí en viajar en tren subterráneo.
Bajamos desde la superficie
Cruzamos toda la traza de la línea B
Desde estación Alem a Lacroze.
En eso me dí cuenta de algo:
Hasta los sucuchitos de Once, las casas de familia, todo tiene subsuelos en Capital Federal.
Despues fuí a encontrarme con Walter y los chicos en el shopping de Devoto... ahí estuvimos un rato largo y dimos por terminada la jornada.
| Capítulo 3: Recoleta y el primer 'hasta luego'.
El lunes siete de enero, me levanté temprano para ir a Ezeiza a recibir a mi mamá, que volvía de un viaje largo. Al mediodía nos juntamos ya toda la familia en Tres de febrero. A las 14.30hs retomé mi rol de turista: por esas horas estaba subido al colectivo linea 146 con mi hermano, rumbo al punto de encuentro con Zéinab para después salir desde allá en el 78 hasta cercanías de la Facultad de Derecho de la UBA.

Nos contó que íbamos a sentir mucho olor a huevo, porque es tradición (como también pasa en Santa Fe) festejar la graduación entre estudiantes tirándole huevos al egresado. Ahí saqué unas fotos, un día donde el Sol seguía apuñanalándonos la espalda, pero su cuchillo ya no tenía tanto filo como el día anterior. Cerca del olor a huevo descompuesto, pero que ya no era tan intenso porque los cursados y los exámenes estaban lejos, y con ellos también el fes tejo de algún egresado. Contemplando la inmensidad, nivel de detalle, la perspectiva vertical y demás cosas de este edificio, que despues de muchos intentos me hizo concluír en que no podía encuadrarse por completo dentro del lente de la cámara.

De todas formas seguimos caminando, como toda persona haría estando bajo el sol y sobre los suelos cálidos de una siesta de verano... Nos dimos lugar por el puente peatonal sobre la avenida Figueroa Alcorta, para pasar después por Plaza Francia, la entrada del cementerio, y por esos lados tomar un taxi para encontrarnos con los otros y sin mucho más preámbulo, volver a Santa Fe.
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Originalmente publicado en 10 capítulos, en fotolog
http://www.fotolog.com/trenazul/29475422 entre el 8 y el 24 de enero del 2008.
La reedición y reestructuración de la redacción (aquí publicada) fue hecha el 28 de diciembre del 2008.
Ambas ediciones ideadas y desarrolladas por trenazul.









